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Aunque pueda pensarse que un edificio industrial sólo atiende a cuestiones meramente funcionales, es su desnudez o su ligereza la que requiere un sistema estructural perfecto, racional y que realmente resuelva todos los aspectos.

No cabe duda de que desde el punto de vista ingenieril o ferroviario, las Cocheras cumplían todos los requisitos, como prueba que sigan operativas 100 años después; sin embargo a los fundadores de Metro les preocupó mucho saber transmitir un aspecto esencial: la modernidad de su novedoso transporte. Para ello contaron con el diseño de Antonio Palacios, que como arquitecto de la compañía, se ocupó de plantear una auténtica puesta en escena del edificio, aportando elementos incomprensibles desde un punto de vista estrictamente funcional.

En primer lugar que desde fuera se pudiese ver la actividad interior del recinto: los modernos trenes eléctricos y el trabajo humano en un alarde de capacidad industrial y fuerza económica. Para ello y dado que el edificio estaba rehundido a la cota del túnel, se separa del borde para crear una fachada principal con dos módulos adelantados que acentuaran el volumen. En el borde, Palacios concibió un pretil de granito y caliza que permitiera asomarse directamente al corazón de Metro, y en el vértice la gran embocadura del túnel monumental que daba acceso a las entrañas subterráneas.

Desde el punto de vista arquitectónico, Palacios trató con una prodigiosa austeridad los elementos y volúmenes que unifican el lenguaje de los talleres con el resto de edificaciones que diseñó para Metro.


INFORME: «Antonio Palacios. El arquitecto de las Cocheras de Cuatro Caminos»