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Las Cocheras y Talleres de Cuatro Caminos son el núcleo donde nació el Metro en 1919. Era el puesto de mando necesario para poner en funcionamiento la red que idearon los ingenieros fundadores.

La idea de hacer un Ferrocarril Suburbano como medio de transporte integrador de toda la ciudad suponía un cambio en el concepto de movilidad, permitiendo traslados rápidos entre distintos barrios y generando flujos urbanos desconocidos hasta el momento.

El Metro de Madrid -entre los más antiguos del mundo- se empezó a construir en 1917 y aunque se inauguró en poco más de dos años, nunca se llegaron a parar las obras; y el crecimiento de Cuatro Caminos siempre fue en paralelo al de la red.

En las Cocheras se cuidaba que todo estuviera a punto: funcionamiento de los trenes, reparaciones de averías, cuidado de túneles y vías. Todo se controlaba desde allí, donde se concentraba toda la mano de obra cualificada necesaria para solucionar cualquier contratiempo.

A lo largo de su ininterrumpido siglo de vida, han pasado generaciones de trabajadores, incluso familias enteras que nos podrían dibujar el día a día del recinto. En la Guerra Civil Metro fue el refugio ante los bombardeos y en las Cocheras se instaló una de las alarmas antiaéreas de la ciudad. También fueron escenario de huelgas y sirvió a los empleados para antrincherarse en ellas, cumpliendo siempre una decisiva función social y humana, aspecto clave en toda la historia de Metro.

En definitiva, sin las Cocheras de Cuatro Caminos, Metro no podría haber existido.