Hablamos del origen del Metro, del núcleo fundacional y corazón que permitía bombear la sangre por las arterias de la ciudad. Es un edificio de extraordinaria singularidad.

Además de tratarse de las primeras cocheras de Metro en España, siguen un modelo edificatorio -el de los dientes de sierra- muy poco empleado en Europa en edificios análogos. Apenas podemos encontrar algún referente en cocheras tranviarias, y ninguno en cocheras de Metro, salvo en Nueva York, que es donde se inspiraron los ingenieros Otamendi y González Echarte para el modelo madrileño.

Como Patrimonio Industrial también es un testigo único en Madrid, pues se han destruido prácticamente todas las instalaciones de transporte originarias de tranvía e incluso talleres e instalaciones ferroviarias. En una gran capital como Madrid apenas quedan sus marquesinas de viajeros como Atocha, Norte o Delicias. Respecto a su pasado industrial, también han sido borrados del mapa la práctica totalidad de sus complejos industriales históricos.

Esta desmemoria brutal ha desdibujado por completo la autoconciencia de la ciudad, y su memoria laboral e industrial. Prácticamente desde el neoclasicismo hasta la modernidad, hay una época perdida; hasta el punto de que nadie percibe que Madrid hubiese sido jamás industrializada.

Las Cocheras de Cuatro Caminos representan el origen de un transporte que cambió radicalmente la ciudad, convirtiéndola en una auténtica metrópoli. Un transporte que sigue vigente un siglo después.

Sólo por eso, la excepcionalidad de Cuatro Caminos en nuestra historia es merecedora de ser conservada, protegida y puesta en valor, pudiéndola transmitir a la futura ciudadanía, que tendrá ante sí la única instalación capaz de contar el relato completo del siglo XX.

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